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Consejos para seguir una dieta

1. Bebe dos vasos de agua antes de empezar cualquier comida, así reducirás la tentación de ingerir más alimentos de lo debido. Recuerda que debes mantenerte hidratada y que para ello lo más recomendable es que tomes, al menos, ocho vasos de agua diarios (2 litros). Esto te ayudará a limpiar tu aparato digestivo.

2. Acostúmbrate a usar la vajilla y los vasos para servirte, si te habitúas a tomar las galletas, el pan y el atún de sus bolsas o latas siempre querrás acabártelos sola.

3. La ventaja de usar el microondas, para cocinar o calentar tu comida es que no necesitas añadir aceite o mantequilla, con lo que te ahorras unas cuantas calorías. Prefiere las carnes (de aves, cerdo, pescado o res) cocidas al vapor o a la plancha.

4. Aumenta tu consumo de alimentos con fibra como los cereales y las legumbres, ya que regulan el tránsito intestinal. Hazte amiga de las ensaladas, vegetales y frutas. Recuerda que el yogurt es un buen acompañante, como bebida y aderezo.

5. Cena temprano y, en lo posible, platos ligeros; así no tendrás pesadillas. Lo importante en cada comida es que mastiques lentamente los bocados, de esta forma te sentirás más satisfecha y no sobrecargarás de trabajo a tu estómago.

6. La gelatina es proteína; si te da un ataque de hambre puedes superarlo con una cucharadita de gelatina disuelta en agua. Recuerda que es una aliada para embellecer tus uñas y tu cabello.

7. Cuando prepares la lista del mercado, anota sólo lo esencial y trata de no salirte de ella, así evitarás pequeñas tentaciones. Si no tienes tiempo para ir a un gimnasio o practicar algún deporte, camina, sube y baja escaleras o sal a pasear a un parque público cercano. Es una buena manera de quemar calorías con muy poco esfuerzo.



10 Consejos para mentalizarnos antes de ponernos a dieta

1. Estar dispuesto a cambiar unos hábitos de alimentación por otros, que corresponden al concepto de llevar una alimentación sana y equilibrada.

2. Tener claro qué cantidad de peso se quiere rebajar para sentirse mejor y no obsesionarse con la idea de perder más, en el momento en el que se comiencen a ver los resultados.

3. Es tan importante la ingesta de líquidos, verduras, frutas o lácteos como de carnes o pescados, por tanto no hay que eliminar ninguno de estos alimentos, únicamente se debe consultar, a ser posible con un especialista, cómo combinarlos en la dieta.

4. No comenzar la dieta de adelgazamiento como algo obligatorio, sino mantener la ilusión desde el primer día hasta el último. De esta forma, los días no se convertirán en un calvario.

5. Preferiblemente ponerse en manos de profesionales para que realicen un análisis exhaustivo del organismo del paciente y su estilo de vida, con el fin de llevar un control de la evolución que esté llevando la persona y siga rigurosamente el tratamiento nutricional que se le ha recomendado.

6. Si sólo se quiere perder peso de una zona localizada del cuerpo, habrá que combinar la dieta de adelgazamiento con ejercicios específicos para tratar dicha zona.

7. Si la gimnasia no es un hábito en el estilo de vida, hay que procurar mentalizarse que aunque se siga una dieta, el ejercicio físico ayuda a eliminar las grasas que se tienen acumuladas.

8. Hay que darse tiempo para que el cuerpo se acostumbre a la ingesta de determinados alimentos y procurar no obsesionarse con las semanas que pasan y lo poco o mucho que se ha adelgazado. Es preferible que se vayan eliminando las grasas, poco a poco, y no de manera rápida, para evitar que se recuperen.

9. Nunca dejar de comer pensando que es la mejor forma de adelgazar, de lo que se trata es de habituar al cuerpo a una serie comidas que deben darse a lo largo del día, no con el objetivo de comer más, sino con la intención de que no se concentre la alimentación en una o dos comidas al día.

10. Elegir una época del año en la que se esté tranquilo, para procurar no alterar la dieta que se ha comenzado
 

Cómo adelgazar sin pasar hambre

Al repasar los hábitos dietéticos, es fácil descubrir que se cometen tres errores comunes: qué se come, cuánto se come y cuándo se come.
La mayoría de las personas utiliza con más frecuencia alimentos de elevado valor calórico, como es el caso de la grasa animal, frituras, embutidos, salsas, etc., haciendo que una sola comida pueda tener un valor energético de 2.000 calorías o más.

En el caso de los niños el desequilibrio alimenticio es más patente. Actualmente, los menores de 10 años necesitan cerca de 700 calorías al día ya que su gasto energético apenas sobrepasa las 500 calorías diarias. Nuestros abuelos, a esa misma edad, consumían casi 800 calorías al día.
La diferencia se encuentra en que los hijos practican más con los vídeo juegos, televisión, vídeos, etc., y los adultos o los abuelos lo hacían en la calle corriendo y saltando.

El estómago, intestino e hígado trabaja mucho durante 6-8 horas mientras que el resto del día el esfuerzo es mucho menor. Esa intensidad de trabajo facilita que a partir de los 40 años sea común algún tipo de problema digestivo.

Qué, cuándo, cuánto

La dieta que aquí propuesta, además de facilitarle la pérdida de algunos kilos, también puede ayudarle a eliminar estos problemas relativos a qué, cuánto y cuándo se debe comer.
Además incluye todo tipo de alimentos, por lo que están aseguradas todas las necesidades de nuestro organismo; se la puede denominar Dieta básica y equivale a cerca de 1.300 calorías. Para llevar a cabo este programa, es necesario conocer algunas normas básicas y fáciles de llevar a la práctica.

Cinco normas a seguir

1. Distribuir la comida del día en 5 “tomas”: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena; siendo la comida y la cena ligeramente superiores al resto en cantidad, y el desayuno más abundante de lo habitual.

2. Comer de todo, salvo frituras y salsas; elaborando la carne, el pescado y otros alimentos asados, a la plancha, cocidos o al vapor. Igualmente se aconseja utilizar leche desnatada en lugar de la entera.

3. Reducir ligeramente la cantidad de proteínas aportadas al organismo, sobre todo las de origen animal, no las de origen vegetal.

4. Los hidratos de carbono o azúcares utilizados a lo largo del día también se reducen ligeramente. Se tomarán sobre todo en el desayuno para aportar energía fácil al cuerpo.

5. Iniciar todas las comidas con una ensalada, para saciar con mayor facilidad al estómago y al centro del apetito que se encuentra en el cerebro.

Ejemplo de este tipo de dieta

Desayuno

Lo primero será tomar, antes que nada, un zumo de la fruta que prefiera alternando cada día (tomate, naranja, pomelo, piña, etc.). Seguidamente un café con leche acompañado de un par de rebanadas de pan integral con un ingrediente como puede ser mermelada, queso fresco o margarina.

Media mañana

Para no claudicar ante la falta de energía es aconsejable tomar una pieza de fruta, variando entre aquellas que más le agraden. Puede alternar la fruta, para variar, con un café con leche y un trozo de pan integral o bien un yogur.

Comida

Siempre se iniciará con una pequeña ensalada, se acompañará con otro plato pequeño basado en patatas cocidas, judías blancas, arroz o productos similares. El segundo plato será una pieza pequeña de carne o pescado asado o a la plancha, o bien pasta con un poco de tomate o un plato de paella o similar. De postre, elegir entre una pieza de fruta o yogur.

Merienda

Como todavía a media tarde quedan muchas horas hasta la cena le aconsejamos tomar uno de los alimentos aconsejados para la media mañana, procurando no repetir.

Cena

Sigue una estructura muy similar a la comida con la salvedad de que se reduce a dos plato. Un primero que incluye, a elegir, ensalada, caldo, verduras cocidas, un puré o similar. El segundo plato incluiría una porción pequeña de carne, pescado o embutido sin grasa.

Si practica la dieta un mínimo de 4 semanas, pronto adquirirá unos hábitos más saludables además de perder varios kilos.


Como quemar grasas rapidamente


No queremos engañar a nadie, no existen pociones mágicas para perder grasa rápida y eficazmente. Sin dieta y sin ejercicio, no conseguirás perder ni un gramo. Con una dieta equilibrada de 1.500 calorías y un entrenamiento aeróbico durante 4 ó 5 días a la semana, lo resultados serán óptimos. Te lo contamos aquí.


1. El metabolismo de las grasas

Las grasas o lípidos son nutrientes esenciales para la vida humana. Constituyen la reserva energética del organismo, ayudan a mantener los órganos vitales en su posición y los protegen de los golpes además de servir de aislante frente a los cambios de temperatura manteniéndola estable.


1.1. Digestión de las grasas

Al ingerir alimentos ricos en grasa estos se digieren por medio de unas enzimas llamadas lipasas, que van degradándolos a unidades más pequeñas llamadas monoglicéridos y ácidos grasos.

En el intestino, a las pocas horas de haber comido, los ácidos grasos de cadena corta o media pasan a la sangre directamente, pero los ácidos grasos de cadena larga necesitan ser transportados por una enzima llamada lipasa lipoproteína.

Ya en la sangre, los ácidos grasos pueden distribuirse según las necesidades, bien hacia los músculos, el hígado o guardarse para las épocas de ayuno.

1.2. Guardando las reservas

Cuando permaneces inactivo/a, disminuyen las demandas de energía, por lo que las grasas y los hidratos de carbono consumidos en exceso, se transforman en ácidos grasos en el hígado y se almacenan como triglicérido y fosfolípidos en los adipocitos de los tejidos de reserva o en los músculos en forma de pequeñas gotas intramusculares. Es decir, se forman "michelines" alrededor de la cintura en hombres y en la cadera, muslos y glúteos en mujeres.

1.3. El músculo del deportista

Dentro del músculo también existe grasa, principalmente en el músculo entrenado, aunque parezca mentira. En los tejidos musculares de los deportistas se pueden observar pequeñas gotas de grasa, cerca de las mitocondrias para disponer de combustible rápidamente durante el entrenamiento.

Cuanto más tiempo entrenas a baja intensidad, mayor es la cantidad de gotas de grasa disponibles para obtener energía, lo que aumenta la resistencia muscular.


1.4. Vaciando los depósitos

Cuando necesitas energía extra, los ácidos grasos se "queman" u oxidan en un proceso llamado lipolisis. Hay dos estrategias para conseguir movilizar la grasa de sus depósitos de reserva:

1.- La primera es el ayuno que provoca la liberación de los ácidos grasos del tejido adiposo para que se quemen y suministren energía a los tejidos para mantener la vida sin alimentos. Por supuesto, no es un método recomendable, es mucho más sano y responsable el segundo método.

2.- El ejercicio, porque cuando se mantiene la actividad física los ácidos grasos son la fuente principal de energía para el tejido muscular, aún cuando esté disponible la glucosa y el glucógeno almacenado. Con la actividad física, no sólo evitas problemas de salud, sino que los resultados en el espejo se notan, porque "afinas" tu silueta sin perder firmeza.

1.5. ¿Por qué es tan difícil quemar la grasa?

La grasa de reserva tiene una función natural y de supervivencia. El metabolismo de los seres vivos ha evolucionado durante siglos para conseguir la máxima cantidad de grasas de reserva, un seguro que permite sobrevivir a las épocas de hambre o escasez de alimentos.

En los 5.000 años de evolución humana el problema ha sido cómo almacenar grasas de reserva y evitar el adelgazamiento. Sin embargo, en los últimos 50 años, una pequeña parte de la población mundial se encuentra con el problema contrario, cómo perder grasas y evitar la obesidad y las enfermedades asociadas.

La causa es que hasta ahora nunca había habido tanta abundancia de alimentos energéticos al alcance de la mano. Piensa que nunca había habido supermercados, hamburgueserías y restaurantes a disposición de cualquiera que tenga una tarjeta de crédito. Para disfrutar de un buen jamón, tus abuelos tenían que plantar cereales, segar, recoger, alimentar al cerdo durante un año, y cuando llegaba el día de la matanza, repartirlo entre los hijos, nietos y sobrinos que vivían en la casa familiar y conseguir que durara hasta el año siguiente. Vamos, que el tocino, no les engordaba mucho.

Es difícil luchar contra una ventaja selectiva natural. A pesar de la dieta y del entrenamiento, muchos deportistas, generalmente mujeres, se encuentran con cúmulos de grasa en zonas del cuerpo casi imposibles de eliminar.


2. Consejos prácticos para acabar con la grasa


- Cuida tus calorías. Sigue una dieta equilibrada de entre 1.500 y 1.800 calorías. Si quieres quemar grasa, es necesario que controles que la dieta no supere más de 2.000 calorías.

- Resiste para quemar. El entrenamiento regular de la resistencia, es decir, baja intensidad durante más de cuarenta minutos, aumenta la capacidad de los músculos para utilizar las grasas como fuente de energía y consigue reducir los depósitos rebeldes.

- Varía tu dieta. No comas los mismos alimentos cada día. El metabolismo de las grasas requiere un aporte completo de vitaminas, minerales y aminoácidos necesarios para funcionar de forma eficiente, que te aseguras con una alimentación variada.

- No bajes de 1.500 calorías. Si reduces las calorías, disminuirás tu tasa de metabolismo basal y conseguirás el efecto contrario: ahorrarás la grasa almacenada, aunque cada vez comas menos porque tu cuerpo se pone en situación de alerta y reserva lo poco que recibe en vez de quemarlo.

- Entrena con el estómago vacío. La mejor hora es por la mañana temprano antes de desayunar: al no disponer de reservas energéticas de glucógeno, aceleras la vía de combustión de las grasas para obtener energía.

- Fabrícate una buena masa muscular. No te olvides de hacer dos o tres horas de musculación a la semana porque el tejido muscular aumenta tu metabolismo basal y favorece la pérdida de peso.

- Aliméntate con proteínas sanas. Los aminoácidos que componen los alimentos ricos en proteínas tienen un efecto estimulante sobre el metabolismo e intervienen en la eliminación de las grasas.

- Evita tomar alimentos después de las 8:00 PM. Por la noche el cuerpo se prepara para el descanso y ralentiza el motor, por lo que se queman menos calorías que durante el día. Si tu horario no te permite cenar antes, procura dejar al menos dos horas de digestión antes de irte a dormir.

- Sé constante. No abandones al mes, acelerar tu metabolismo para quemar la grasa de reserva, no se consigue en unas semanas. Necesitas crear nuevos hábitos dietéticos y de entrenamiento para que los suplementos puedan trabajar efectivamente.



Los pecados capitales de la dieta

Los deslices ocasionales, dejar de hacer régimen algunos días, estancarse en la pérdida de kilos o bajar la guardia después de llegar al peso ideal, son los enemigos implacables de todo régimen, igual que saltarse el desayuno, picotear de noche y comer mientras se hace otra cosa.
Hay una serie de instantes y costumbres, de momentos y hábitos "peligrosos" que pueden sabotear los mejores planes de adelgazar.
Tanto si mantiene un régimen planificado para adelgazar, siguiendo al pie de la letra los menús y tablas calóricas que marca ese método, como si decide bajar de peso por su cuenta, llevando una alimentación más saludable y adecuada en general sin ceñirse a un plan en particular, hay una serie de instantes y costumbres, que pueden sabotear sus mejores deseos y afanes.

Para llegar a la meta debe estar atento y preparado para sortear una serie de piedras pequeñas pero puntiagudas que encontrará en su camino y que pueden desbaratar en muy poco tiempo todo lo que ha conseguido merced a muchas semanas de esfuerzo:

El peligro de la dieta aburrida. El pequeño aperitivo de ayer, los churros de hoy o el "heladito" de mañana, pueden anular los efectos de su disciplina organizada para adelgazar. Si introduce variedad en sus preparaciones culinarias y "gastronomiza" su dieta (preparando las comidas de forma no sólo saludable e hipocalórica, sino también agradable para el paladar), ya no tendrá la excusa de "la aburrida comida de régimen" para buscar el placer (por otra parte muy legítimo) en los deslices calóricos.

Coma fuera, sin dejar fuera la dieta.

¿Cuando come en el restaurante, con amigos o en fiestas familiares, la cortesía le impide mantener su dieta y comete algún desliz esporádico?. No hay problema. Al día siguiente deberá ser más severo y reducir la calorías para compensar el desliz calórico. También puede reemplazar el desayuno o la cena por un complemento (mezclas artificiales de proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas y minerales, pulverizadas o líquidas, dosificadas para aportar una cantidad de calorías) sin que ello se vuelva una costumbre.

La tentación de lo prohibido. Lanzarse al plato que "debe evitar a toda costa" o ingerir en una sola comida lo que debe comer en un día, es un problema, no un drama. En vez de culpabilizarse o tirar la toalla, recuerde que va por buen camino: disminuya durante dos o tres días su ración de alimentos y beba mucho agua; en una semana habrá recuperado el equilibrio perdido.
Puede olvidarse del régimen unos días. Para evitar el paréntesis en la dieta que puede producir un viaje, una invitación o una obligación profesional, que hagan imposible seguir el régimen durante unos días, los expertos señalan que no hay que entregarse sin pelear: considere el paréntesis como una prueba o examen a aprobar, en vez de una ocasión para caer en todas las tentaciones o abandonar definitivamente el régimen con el pretexto de que "no estoy hecho para esto" o "no conseguiré aguantar" y mucho menos para quitarse la delgadez de la cabeza. Tenga presente la lista de alimentos "peligrosos" y las cantidades permitidas: si ha llegado hasta aquí, podrá seguir adelante.
Seguir adelante, si el peso se estanca. Después de una rápida pérdida inicial de peso (debida a la eliminación de líquidos), el adelgazamiento se desacelera (se pierde menos peso en el mismo tiempo) debido a que el organismo se acostumbra a las restricciones y quema menos calorías. Llega un momento en todos los regímenes en que el peso se estanca. Un aumento del ejercicio físico puede ayudar a traspasar esa meseta. También se puede modificar el régimen durante unos días, dando prioridad al aporte de proteínas (huevos, leche, pescado, aves, cereales, frutas, nueces) lo que hará reaccionar al organismo (obligándole a extraer energía de tu tejido adiposo) y después volver a la dieta original, un poco más severa. Durante el "paréntesis proteico", hay que beber más que antes (las proteínas producen muchos residuos metabólicos) y complementar la alimentación con un suplemento multivitamínico (para evitar posibles desequilibrios nutricionales).

Atención al final de trayecto. Cuando llegue a su peso ideal o de bienestar, desea levantar el pie del freno y volver ¡por fin! a la cocina "normal". Al finalizar su régimen, debido a los cambios metabólicos, su cuerpo se ha acostumbrado a quemar menos calorías que antes; si entonces vuelve a una alimentación rica en grasas y azúcares, su cuerpo se arrojará ávidamente sobre ese "manjar milagroso" para almacenarlo en el tejido adiposo, que ha quedado vacío. No hay inconveniente en volver a una alimentación un poco más calórica después de un régimen en que ha restringido el consumo de calorías, pero para evitar recaídas en el sobrepeso es obligatorio efectuar un período de transición.

Más deporte. Durante las semanas en que ha adelgazado, el ejercicio habrá ocupado un lugar importante en su vida, su rendimiento y estado físico habrán mejorado, y su cuerpo se habrá desentumecido. El lapso de transición es ideal para hacer más deporte con más intensidad; así el mayor aporte calórico se utilizará en la nueva actividad física, sin riesgos para tu figura.
Una vez estabilizado el peso. Debe recordar que para mantener el peso bajo control, debe modificar definitivamente los hábitos comiendo de forma saludable y equilibrada (con más alimentos integrales, frutas, verduras y comidas con fibra, y manteniendo a raya la pareja maldita grasas-azúcares) y practicando algún ejercicio o deporte de forma regular. Para conservar la delgadez, debe pesarse regularmente para detectar cualquier subida, y volver momentáneamente al régimen o hacer más ejercicio, si detecta un exceso de grasa en tu cuerpo.

¿Saltarse el desayuno?. ¡Nunca! Las estadísticas no engañan: el 90 por ciento de las personas con sobrepeso no toman una comida satisfactoria por la mañana. Este error lleva a otro: el picoteo entre horas. Aquellas que puede "aguantar" hasta el almuerzo, tampoco están a salvo: han soportado un ayuno de 16 horas desde la cena de la noche anterior, lo cual a la larga malacostumbra al metabolismo: así, cuando llega la hora de almorzar, el organismo se apresura a atesorar calorías, en previsión de un próximo ayuno, lo cual hace que el cuerpo se vuelva más refractario al adelgazamiento.
El desayuno debe aportar el 25-30 por ciento de las calorías necesarias para el día (la comida y la cena entre el 30 y el 40 por ciento cada una). Un desayuno de cereales integrales o müesli, fruta, leche desnatada o yogur, es una comida completa y una buena opción para comenzar el día.
Picoteos al final del día. El regreso a casa, después de un largo día de trabajo, cuando se desata todo el apetito contenido o intentas "echar a andar tu motor" ingiriendo algunos dulces para aumentar sus menguadas energías. Los instantes posteriores a la cena, cuando siente que se merece una recompensa culinaria, después de tanto esfuerzo cotidiano y de privarse de lo que más le apetece. La madrugada, cuando está medio dormido y con la guardia baja y siente la necesidad de comer de forma urgente, picando alguna "cosilla" de forma casi inconsciente, ingiriendo un buen puñado de calorías. Los mayores riesgos para la dieta y la principales causa de sobrepeso se producen de noche y en casa: son los picoteos vespertinos y nocturnos. Mientras más comidas se saltan en el día o mayor lapso media entre una y otra, más bocados fuera de hora se consumen. Unos minutos de picoteo de queso, patatas fritas o helado, pueden traducirse en un millar de calorías extras.

Come antes para no atragantarse. Para prevenir las punzadas de hambre, los expertos recomiendan comer cada 3 ó 4 horas: tomar el desayuno, almuerzo y cena intercalando entre estas comidas, una minicomida hipocalórica. Algunos buenos bocados con menos de 250 calorías son: una taza de yogur bajo en grasas con trozos de mandarinas, una taza de consomé de guisantes, una rodaja de pan integral rociado con 30 gramos de queso crema, un tazón de cereal mixto (una taza de copos de maíz, un cuarto de taza de trigo integral) con media taza de leche desnatada.

Espere unos instantes. Otra táctica antipicoteo muy eficaz: durante una semana, cuando llegues a su casa y sienta que se dirige hacia la bolsa de patatas fritas u otra delicia hipercalórica, aléjese de la tentación durante 5 minutos. La segunda semana, amplíe la espera a 10 minutos, y la siguiente aún a más tiempo. Cuando controle la urgencia de llevarse algo a la boca durante 20 minutos, podrá controlar totalmente sus impulsos de comer.

No tragar sin masticar. Otro error habitual en las personas con exceso de peso es comer deprisa y deglutir la comida sin haberla tenido apenas en la boca. Los bocados se suceden, sin masticar y a un ritmo rápido, hasta el final de la comida. Vaciar el plato antes que los demás aumenta la tentación de repetir. Peor aún: permite que la persona ingiera enormes cantidades de comidas (generando un exceso calórico que se acumula en forma de grasa en su cuerpo) antes de que actúe la sensación de saciedad (el reflejo biológico que pone fin a las ganas de comer cuando el alimento llega al estómago).

Coma con calma. Los efectos positivos de alimentarse con cierta lentitud se acumulan: masticar permite saborear la comida (activa el sentido del gusto) y aumenta la digestibilidad de los alimentos (al impregnarlos de los jugos de la saliva necesarios para la digestión). Al principio puede requerir un poco de voluntad y control. Puede comer delante de un espejo, hasta coger este hábito saludable y adelgazante.

El error de “comer mientras...” A la hora de alimentarse sin engordar no sólo importa qué, cuánto y dónde se come, sino también cuándo. Masticar de forma simultánea con una actividad que requiera atención eleva considerablemente el riesgo de desborde calórico, porque es muy difícil concentrarse en ambas tareas a la vez, y con toda probabilidad descuidaremos lo que nos llevamos a boca. Por eso los expertos aconsejan: "¡no comer mientras se lee, se permanece en la cama o se mira la televisión


10 Razones para hacer ejercicio por la mañana

Alguna vez te habrás preguntado cuál es la mejor hora para hacer deporte. Aunque todo depende de los ritmos vitales de cada uno, el ejerció matinal suele ser más beneficioso y, además, provoca menos abandonos que cuando se entrena a otra hora del día.
No se trata de levantarte de la cama y ponerte a levantar pesas o correr como una loca. Puede que algunas mañanas sólo te apetezca dar un paseo. No pasa nada mientras hagas algo cada día.
Las mujeres que no trabajan suelen escoger esta hora del día para ponerse el chándal y hacer gimnasia. Pero si trabajas, tal vez te suponga demasiado esfuerzo tener que poner el despertador una hora antes. Pero puedes hacerlo algún día y, sobre todo, el fin de semana.
Si vas a empezar a hacer ejercicio o no te va muy bien con tu actual plan de entrenamiento, aquí tienes diez razones para decidirte por el ejercicio matinal:

1. Muy pocos abandonos

El 90% de la gente que lleva años o toda su vida haciendo ejercicio de forma habitual es la que entrena por la mañana. Una buena razón para decidirse.

2. El tiempo no es excusa

¿Quién no puede levantarse media hora o una hora antes para salir a correr, caminar o montar en bici estática en casa antes de ir al trabajo? La clave puede ser acostarte un poquito antes. Además, la gente que hace ejercicio matinal duerme mejor y necesita menos horas de sueño. Si no trabajas, lo tienes muy fácil.

3. Inyección de energía

Cuando haces ejercicio por la mañana te cargas de energía para todo el día. Esto lo apreciarás cuando no hayas podido entrenar. Además, al levantarte cuentas con el descanso de la noche y tus fuerzas intactas, por lo que puedes entrenar al 1000 x 1000. Por la tarde, después de un duro día de trabajo puede que te dé mucha más pereza y un día sí y otro también decidas tumbarte en el sillón.

4. Regula el apetito

Casi todo el mundo coincide en este punto: hacer ejercicio por la mañana les regula el apetito para todo el día. Lo primero es que comienzas a quemar calorías antes de haber desayunado (o después si has hecho la digestión), con lo cual tu metabolismo se activa mucho antes. La sensación de hambre también se controla mejor, por lo que es más fácil comer de manera inteligente, eligiendo los alimentos que más nos convienen.

5. Ajusta los ritmos biológicos

Si te acostumbras a levantarte y hacer ejercicio todos los días a la misma hora, tu sistema endocrino y tus ritmos biológicos estarán bien equilibrados. Además, tiene lugar un fenómeno muy curioso y beneficioso para tu salud. Si te acostumbras a entrenar todos los días, unas horas antes de despertarte tu cuerpo comienza a prepararse para levantarse y hacer ejercicio, lo que es muy beneficioso:
- te cuesta mucho menos levantarte (levantarse a horas diferentes confunde al cuerpo, que se vuelve más perezoso)
- tu metabolismo y todas las hormonas implicadas en la actividad física comienzan a funcionar cuando tú aún estás durmiendo, lo que hace que te levantes con energía y preparada para moverte
- el sistema hormonal prepara tu cuerpo para el ejercicio, regulando la presión sanguínea, el ritmo cardiaco y la afluencia de sangre hacia los músculos

6. Puede ser tu momento

Para mucha gente el rato que pasa entrenando por la mañana es casi sagrado. Es un tiempo que pueden dedicarse a ellos mismo, a estar solos sin que nadie les moleste, y en el que pueden pensar con claridad, dedicarse a cuidar su cuerpo y su mente.

7. Mejora la agudeza mental

Muchos estudios han demostrado que hacer ejercicio potencia la actividad mental. Y este efecto puede durar las 10 horas siguientes al entrenamiento. Una claridad mental que no te servirá de nada si entrenas por la noche y luego te vas a dormir.

8. Nada te interrumpe

Si hacer ejercicio es lo primero que haces al levantarte, antes de ir al trabajo o a horas en que otras personas están desayunando o durmiendo, es difícil que algo pueda impedirte hacerlo. Por la tarde pueden surgirte mil impedimentos: una reunión, recoger a los niños al cole, hacer la compra, una visita...

9. Quema más calorías

Cuanto antes te levantes y empieces a moverte antes comenzará a funcionar tu metabolismo. El ejercicio matinal eleva el ritmo del metabolismo durante horas (¡puede ser todo el día¡), lo que significa que al entrenar un rato por la mañana quemas calorías durante todo el día.

10. Te hace sentir bien

Ésta es una de las razones más importantes. Todo lo anterior te producirá una gran satisfacción. Es tu tiempo, nadie te interrumpe, empiezas el día con una sonrisa, controlas tu peso e incluso adelgazas, tu corazón está en plena forma, tienes el resto del día para tus obligaciones o lo que pueda surgir... ¿Qué más se puede pedir?


10 ventajas de hacer ejercicio físico

Habrás oído y leído innumerables cosas sobre los beneficios del ejercicio. Aquí te los resumimos en diez ventajas.
Una sugerencia: imprime esta hoja y tenla a mano para que te acuerdes de lo necesario que es hacer alguna actividad física.

El hombre está diseñado para moverse, no para pasarse 8 o 10 diez horas sentado en el trabajo o frente a un ordenador.
¿No crees que tantas horas de inactividad deben ser compensadas con algo de movimiento? ¿Te parece excesiva una hora diaria de actividad física cuando te pasas el resto del día sin moverte? A estas reflexiones añade las ventajas que te proporcionará moverte un poco (aunque sea caminando):

Alivia tu estrés

¿Te duele la cabeza y el estómago? ¿Estás nervioso y no puedes dormir por la noche? Un poco de ejercicio es más eficaz que cualquier medicina contra el estrés y te ayudará a tenerlo siempre bajo control. Hacer ejercicio, mover el cuerpo, sudar y cansarte es la mejor manera de expulsar toda esa mala energía acumulada.

Duermes mejor

Nada como un poco de ejercicio cada día para regular el sueño. Si ya tienes problemas de insomnio procura entrenarte por la mañana o a primera hora de la tarde para cansarte lo justo y no activarte demasiado antes de irte a la cama. La calidad del sueño también mejora.

Tu humor es mejor y sonríes más

Hacer ejercicio hace que, aunque tú no quieras, segregues endorfinas, una sustancia que levanta el ánimo, proporciona sensación de bienestar y energía, lo que nos hace sentir bien y contentos. No verás a mucha gente salir con cara triste o malhumorada de un gimnasio después de haber entrenado y haberse dado una ducha.

Mejora tu aspecto físico

Además de cuidar tu salud, hacer deporte te embellece. Al entrenar se desarrollan las fibras musculares; tu figura se moldea y estiliza, y consigues mantener firmes las zonas que antes tienden a envejecer. Tu postura también mejora, con lo que pareces más alta y joven. La ropa te sienta mejor, se te ve buen aspecto, todo está en su sitio...

Mejora tu salud general

Por poco que practiques, tu salud se ve inmediatamente recompensada. Hacer ejercicio protege tu corazón, tus arterias, tu mente; mantiene el colesterol a raya, permite controlar enfermedades como la diabetes o el asma, soluciona problemas como el estreñimiento...

Te mantienes más flexible y ágil

Además de fuerte y enérgico, haciendo deporte mantienes el cuerpo siempre a punto y conservas tus cualidades físicas intactas durante más tiempo. Para las personas mayores es la mejor forma de mantenerse ágiles. Todo ello repercute en tu vida normal: no te cansas en el trabajo, estás más activo los fines de semana, puedes realizar esfuerzos físicos sin que te cueste demasiado, conduces mejor, puedes correr tras el autobús...

Mejora tu memoria

La actividad física es el ‘ángel de la guarda’ de nuestra mente. Activa tus reflejos y mantiene tu cabeza despejada. Hay estudios científicos que demuestran que previene el Alzheimer y ayuda a mejorar y mantener la memoria, lo que es especialmente beneficioso para la gente mayor. Es la mejor forma de desintoxicar la mente después de una larga jornada de trabajo o cuando estamos bloqueados y necesitamos aclarar nuestras ideas.
Previene la descalcificación de los huesos
El ejercicio con pesas o una actividad física moderada ayuda a fijar el calcio en los huesos y a desarrollar masa ósea. Es un gran preventivo para la osteoporosis. Esta razón debe ser suficiente para que cualquier mujer se plantee hacer ejercicio: puede evitar las descalcificaciones de la menopausia y muchas roturas de caderas.

Te da un aspecto más joven

Hacer ejercicio te quita años de encima. La postura corporal mejora de tal manera que parecemos más jóvenes. También es muy bueno para oxigenar los tejidos y eliminar impurezas, además de beneficiar al buen funcionamiento de los órganos y hacer que tengamos mejor color de piel. Si no, compara a dos personas de la misma edad, una que haga ejercicio y otra que sea sedentaria. ¿Cuál parece más joven?

Te ayuda a adelgazar y a quemar grasas

Es una ventaja muy importante, sobre todo si lo que te preocupa es tu aspecto o tienes un problema de sobrepeso. Haciendo ejercicio se queman las grasas sobrantes del cuerpo, sobre todo porque el músculo que se va desarrollando consume mucha energía. Hacer ejercicio de forma regular mantiene siempre activo nuestro metabolismo, aun cuando estamos descansando, lo que quiere decir que siempre estamos quemando calorías

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